viernes, 16 de enero de 2009

Costa Verde y nuevo anirvesario limeño

Entrevista a AOZ, flamante asesor de APCV y otrora opositor a sus proyectos, son del Caretas 2061, visto en betamorsa

Retorno a las Fuentes
Más que los diseños urbanísticos CAD en la pantalla de la computadora, el restaurante Rosa Naútica es el mejor ejemplo contemporáneo de lo que se puede y debe hacer en la Costa Verde. CARETAS entrevistó al arquitecto Augusto Ortiz de Zevallos, actual asesor de la Autoridad Autónoma, sobre el bramido del mar.

–Hace años se discute la importancia de la Costa Verde, sin embargo pasa el tiempo y sigue siendo un desaprovechado terral al lado de la pista. ¿Cómo urbanista y asesor de la Autoridad del Proyecto Costa Verde ve alguna esperanza de cambio? 
–En la cabeza de cualquier limeño la Costa Verde es el zanjón número dos. Los tablistas, veraneantes y deportistas no están reconocidos como titulares de derecho, la Costa Verde es de los carros. Mi propuesta es otra: una ciudad en la que uno pueda ir en bicicleta desde la avenida Brasil hasta el Morro Solar. En las imágenes de google se revela que las avenidas que llegan hasta la Costa Verde son 15, quiere decir que hay una forma tangible de conectar lo de arriba con lo de abajo. Lima es la única capital de América del Sur que tiene costa, debemos hacer un discurso creador con un gran espacio público lleno de vida. Cuando se haya conseguido esta calidad de espacio, evidentemente habrá áreas sobrantes que puedan ser desarrolladas inmobiliariamente como complemento.

–El proyecto de los arquitectos Manuel Zubiate y Raúl Flórez contemplaba construir en ciertas zonas de los acantilados, para por medio de la inversión privada financiar el espacio público. Si como anunció el Alcalde Luis Castañeda Lossio se descarta esa posibilidad, ¿de dónde provendrán los recursos? 
–Sin duda la idea de complementar inversión privada y pública no tiene en sí nada de malo, si la definición es un gran proyecto urbano. Lo que estuvo mal es que lo que se quería eran proyectos individuales, maximizar renta, eso es lo que se fue otorgando y sucedió con el Costa Linda, Cala y ese anticuario bamba que es Rústica. Considero que la visión urbanística de Zubiate y Flórez era más de lo mismo.

–¿Su propuesta es opuesta a la presentada por los arquitectos Manuel Zubiate y Raúl Flórez? 
–Creo que hay cosas que ellos han hecho que son valiosas, por ejemplo reubicar el trazo del eje vial es una solución conveniente. En más de un punto tiene sentido reordenar la vía. También el tratamiento de malecones son dentro de la propuesta piezas valiosas. Lo que pasa es que el encargo fue el equivocado: maximiza renta inmobiliaria. Había una suerte de expectativa de cada distrito municipal de convertir al litoral en un lote proveedor de dinero, de ventas. El modelo convalidaba un poco lo que ya se hizo, los que invirtieron nunca hicieron un metro cuadrado de espigón.

–Ellos proponían concursos públicos, con reglas de inversión desde el principio. 
–Esa filantropía del inversionista no es muy cierta.

–Reconocidos arquitectos como Miguel Cruchaga criticaron el uso de los acantilados para construcciones, pues le parecen escultóricos. Ahora el propio alcalde de Lima afirma que preservará el estado natural de los acantilados. 
–La discusión se ha ido a frases, no hay que discutir slogans sino propuestas tangibles. No es ni blanco ni negro, sino una propuesta armónica, inteligente, cuidadosa, donde hay que conciliar lo posible con lo deseable para que se den resultados.

–¿Cómo lograrlo sin recursos económicos? Su propuesta me parece soñadora. 
–Soñar está bien, pero yo creo que más bien es soñador creer que un inversionista privado va a generar vía pública, antes que su propio desarrollo.

–¿Mientras se conciben nuevos acuerdos la Costa Verde seguirá siendo una pista al lado de un terral? 
–No, porque habrá en el área de Miraflores inversión concreta, con los recursos que ese distrito ha destinado para la costa y se espera que otros municipios puedan delinear algo. San Miguel tiene planes, Magdalena también. El espacio de nadie tiene que ser convertido en la playa de todos, es nuestro primer reto. Generar playa valiosa produce valor, dinero, potencial de inversionistas. Invertir no es agarrarse algo.

–¿Cómo generar playa, hacer costosos espigones, sin recursos? 
–Obviamente hay un tema de recursos que debe ser manejado. Hay que hacer una arquitectura financiera inteligente para que esto sea viable y esto incluye a los privados, pero no para reclamar tener un lote y hacer lo que les dé la gana. Si aparecen modelos conciliados entre lo privado y lo público que son el secreto de Barcelona, de Hamburgo, de Guayaquil, bienvenidos. (Caterina Vella)

Lima: Polémica, soñadora, marinera

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Parapentes de colores flotan suspendidos en el cielo celeste, ajenos al caos un centenar de metros más abajo: una larga hilera de carros frente al polémico restaurante Cala, histéricos conductores tocando claxon, fornidos tablistas escurriéndose entre los autos rumbo a las olas, guapas chicas en shorts desfilando sobre una estrecha franja de tierra, sorteando carretillas de heladeros y entusiastas ciclistas. En el mar la vida es más sabrosa. Y miles de veraneantes de la Costa Verde de Lima lo saben muy bien. Pero la realidad de la estrecha franja costeña a los pies de la capital no es precisamente la de Sunset Boulevard en California.

Aunque podría serlo


Con la idea de salvaguardarla y convertirla en el espacio democrático que los limeños merecen, en 1994 el entonces alcalde de Lima Metropolitana, Alberto Andrade, creó la Autoridad Autónoma del Proyecto Costa Verde, agrupando a la Municipalidad de Lima y seis distritos costeros, una especie de INC del litoral limeño. Pero han pasado 15 años y sus 19 kilómetros de recorrido siguen siendo materia, verano tras verano, de candentes debates sobre cómo hacerla más atractiva y aprovecharla mejor.

¿Es tan difícil tener al menos un bonito malecón al borde del mar?

Este verano el debate está al rojo vivo. Al mar picado se ha lanzado hasta el presidente Alan García Pérez, entusiasmado con la idea de extender la costanera desde Chorrillos hasta el Callao, consolidando un asombroso frente marino que volcaría la capital hacia el mar de una buena vez por todas. Pero una vez más, la idea de construir una “exclusiva red de hoteles, restaurantes o departamentos” contra los acantilados se zampó en la escena.

A principios del año pasado, la Autoridad del Proyecto Costa Verde hizo suya la propuesta de los arquitectos peruanos Manuel Zubiate y Raúl Flórez de dar en concesión ciertas zonas de los acantilados a inversionistas privados. La idea empaquetada como “Inversión privada, beneficio público”, propone financiar el desarrollo de áreas públicas y del malecón soñado sobre la franja costera, básicamente con el dinero recaudado en las concesiones (CARETAS 1972).

Eso es lo que hicieron precisamente Zubiate y Flórez en Ecuador, donde diseñaron magníficamente el Malecón 2000 de Guayaquil sobre el río Guayas.

Sin duda, uno de los ejes del debate es la idea de alterar el gran farallón de Lima, como tituló CARETAS 2016, en marzo pasado. “Cada vez que recorro la Costa Verde me siento admirado por la morfología escultórica de sus macizos”, describió el arquitecto Miguel Cruchaga. Los acantilados “se contraponen a la amplitud quieta y vibrante del mar y lo hacen con una plasticidad que habría admirado el propio Henry Moore”, comparó.

Cruchaga reclamó se respete la “identidad” de la franja costera limeña e invocó a las autoridades declarar la “intangibilidad” de los farallones. Sus elocuentes palabras no parecen haber caído en saco roto. El debate alcanzó un punto de inflexión pocas semanas atrás cuando el alcalde de Lima, Luis Castañeda Lossio, descartó el proyecto de Zubiate y Flórez, y priorizó más bien aquel del arquitecto Augusto Ortiz de Zevallos, acaso más sencillo pero más integral, según algunos observadores.

“El modelo de lote y maximización de renta dará como resultado una continuidad de episodios sin unidad de conjunto –como si fueran pozos de petróleo. Ahí tenemos por ejemplo el esperpento de Costa Linda en Chorrillos”, dramatizó Ortiz de Zevallos. “La Costa Verde es un gran espacio natural, donde se debe ir labrando el paisaje donde se preste, con escaleras y sistemas de verde, para ir “tejiendo ciudad”, entre el área urbana, arriba, y la playa, abajo”.

En resumidas cuentas, nada muy distinto a la espectacular Bajada de Baños de Barranco –hoy hecha trizas por la molicie edilicia– o la entrañable pareja de malecones en Chorrillos, construidos hace más de una centuria por limeños acaso menos ambiciosos, pero más sensatos que muchos de sus actuales congéneres.

Las cartas están echadas, pero la partida está lejos de terminar. “Se ha satanizado nuestro proyecto, dando la idea que el total de los acantilados serán construidos cuando solo se tocará el 20%”, dice Flórez. Pero por su experiencia con Guayaquil, y las trabas que confrontaron al principio, el arquitecto está convencido que tarde o temprano se tendrá que hacer el proyecto. “Si queremos que la Costa Verde sea un espacio público de altísima calidad, totalmente democrático y seguro, que sea mantenido sin costo los 365 días del año, debemos separar los roles público y privado: reglas claras municipales que atraigan la inversión privada”, dijo Flórez.

Pero en esto de roles públicos y privados hay que tener mucho cuidado. “Creer que un inversionista privado va a generar vía pública es un tanto soñador”, sintetiza Ortiz de Zevallos. Sin embargo, admite que la inversión privada puede ser un socio clave en el desarrollo de la Costa Verde (ver entrevista).

“El presidente García ha ofrecido S/. 25 millones –o S/. 3 por habitante de Lima, el equivalente a un chocolate Sublime cado uno–, y se podría reacomodar el presupuesto de Lima y los distritos, pero el problema es que la caja no alcanza”, dice Ortiz de Zevallos. “Habrá que hacer una chanchita”.

No alcanzará para financiar los proyectos más ambiciosos y, muchas veces, faraónicos, pero sí para construir un simple malecón que articule el de Chorrillos con los 15 kilómetros restantes de playa. Al menos el alcalde de Miraflores, Manuel Masías, está embalado. “Yo creo que podemos recibir el próximo verano con un espacio mejorado, el malecón avanzado y hasta una piscina de agua salada”, chapucea de entusiasmo Ortiz de Zevallos.

Mientras las discusiones van y viene como las olas del mar, edificios han empezado a “descolgarse” de los acantilados en Barranco. Un largo crespón cubre el farallón sobre el cual se construye el edificio Bresciani, diseñado por Mario Lara. El último departamento se vendió a 2,250 dólares el metro cuadrado. Sin duda, un gran negocio inmobiliario gracias a su privilegiada vista al mar, pero nada aporta al mejoramiento de la Costa Verde.

Al caer la tarde, el Sol, una bola naranja y perfecta, se sumerge lentamente en las aguas del Pacífico. El debate se mantiene al rojo vivo. (Caterina Vella)

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